Archive for the ‘Antigüedad Tardía’ Category

5
ene

La Epifanía de los Reyes Magos Ásatrú

   Posted by: Gundulf Tags:

 

Epifanía” es una palabra que deriva del griego (ἐπιφάνεια) y que significa manifestación. El cristianismo reconoce tres epifanías, siendo la más famosa la epifanía de los Reyes Magos celebrada el 6 de enero.

Sin embargo, la epifanía de los magos no es original del cristianimo, sino que la podemos encontrar en otros cultos de Oriente Medio varios siglos antes del nacimiento de Jesús. Sobre la epifanía de los Reyes Magos, las fuentes cristianas son tan pobres que únicamente en el evangelio atribuído a Mateo podemos leer algo al respecto: ‘que unos magos de Oriente siguieron una estrella hasta Jerusalén y adoraron al Niño Jesús’. En realidad, la Biblia no habla de su número ni tampoco de sus nombres, y lo que ha llegado a nuestros días ha sido fruto de la tradición posterior.

Las menciones más antiguas de esta festividad que se asemejan de alguna manera a la Epifanía celebrada en la actualidad, aparecen después de las reformas de Constantino el Grande, considerado el treceavo apóstol del cristianismo. Para hacer más fácil que los romanos se convertiesen al cristianismo sin abandonar sus festividades, en el año 350 el obispo de Roma Julio I (quien todavía no detentaba el título de Papa, pues no se había inventado) pidió que el nacimiento de Cristo fuera celebrado el 25 de diciembre, haciéndolo coincidir con el festival del Dies Natalis Solis Invicti que se celebraba entre el 22 y el 25 de diciembre.

Sol Invictus (“sol invicto”) o en forma completa, ‘Deus Sol Invictus’, era el título religioso aplicado al dios Mitra, cuyo nacimiento se celebraba desde hacía siglos en esa misma fecha. Son muchas las similitudes entre en nacimiento de Jesús y el de Mitra, ya que ambos estaban destinados a fundar relegiones, ambos nacieron en una cueva durante el solsticio de invierno,  y fueron adorados por los mismos individuos, pastores y magos. En el caso del nacimiento del dios Mitra la adoración de los magos tiene sentido en tanto que los sacerdotes del zoroastrismo eran los magi (nombre del que derivan nuestros términos ‘mago’ y ‘mágico’), sacerdotes persas altamente instruidos en astronomía y astrología, que además de cumplir con sus funciones religiosas interpretaban sueños y estudiaban los enigmas cósmicos, y a quienes se atribuían poderes ocultos y la capacidad de efectuar hechizos.

Volviendo el tema que nos atañe, y como se ha mencionado más arriba, durante esta etapa de afianzamiento de la reforma constantiniana del cristianismo, además de suplantar fechas religiosas de otros cultos,  se reemplazó la simbología pagana, pero usando los mismos protagonistas, como podemos observar en el obelisco de Teodosio del hipódromo de la actual Istanbul.

En el pedestal, esculpido en el año 390, vemos al emperador Teodosio con sus dos hijos, Arcadio y Honorio, que recibe los tributos que le ofrecen los bárbaros (con pieles ) y los persas (con sus mitras y sus trajes típicos). Esta epifanía, una de las representaciones más antiguas de los Reyes Magos, tiene como protagonistas a los visigodos, y más concretamente a su casta de sacerdotes-reyes, los tarabostesei.

El obelisco egipcio de Tutmosis III, reutilizado por Teodosio en su hipódromo, fue en su origen un elemento mágico utilizado por los egipcios para proteger a el templo de Karnak. No casualmente, el obelisco fue levantado sobre la espina del hipódromo, ya que originalmente ésta estaba cargada de simbología solar (las cuadrigas de las carreras representaban el eterno danzar de los astros alrededor del Sol), y el en pedestal que lo sustenta vemos como se repite la acción de la epifanía de adoración, en este caso al emperador Teodosio.

En el pedestal, Teodosio y sus hijos suplantan la figura del dios adorado repitiendo la representación de la epifanía mitraica, una escena inspirada, en parte, en una  visita diplomática del séquito del rey visigodo Atanarico, quien se encontró con el emperador Teodosio en la capital del Imperio para pactar una paz tras la batalla de Adrianópolis (378).

Se trata de un pedestal propagandístico en el que aparece el estereotipo de los bárbaros incivilizados vestidos con pieles. Sin embargo, se trata de un error intencionado al servicio de la propaganda imperial, ya que dicha escena nunca sucedió de esa manera. Más bien al contrario, la embajada goda entró en Constantinopla después de haber aniquilado el ejército romano del emperador Valente, y su sucesor Teodosio, en lugar de recibir regalos o ser adorado como un dios, se esmeró en agasajar a los príncipes godos que pronto engrosarían las filas de sus ejércitos como mercenarios.

De igual forma los príncipes y sacerdotes de los godos no vestían con pieles como fueron representados en el pedestal del obelisco, sino  más bien vestían como sus homónimos persas. Dos cientos años más más tarde, ya en el siglo VI, en uno de los frisos de la Basílica de San Apolinar Nuovo en Rávena (Italia), podemos ver una de las más antiguas representaciones de los Reyes Magos que se conservan, datadas en el siglo VI.

El historiador de los godos Herwig Wolfram, explica que al final del tercer siglo empezó la monarquía Ostrogoda de los Amalos. Los rasgos de esta monarquía militar, además de los lanceros acorazados que luchaban a lomo de caballo, la práctica de la caza con halcones y el chamanismo, fue la adopción por parte del clan real de las vestiduras reales Sasánidas.

Los tres reyes magos godos de de la Basílica de San Apolinar Nuovo, visten a la manera de los tarabostesei mencionados por Jordanes, llevando la gorra ceremonial de fieltro de influencia persa y adoptada por las clases diregentes godas en las estepas de Escitia antes de entrar en los libros de historia romanos.

Fuentes:

Una Iconografía polémica: los Magos de Oriente 

Jordanes. Origen y gesta de los godos

31
ago

Las sacerdotisas de Apolo

   Posted by: Gundulf Tags:

Pitia en el trípode profético

Ningún otro mito puede servirnos mejor de introducción que el de la profetisa por excelencia, Casandra. Según el mito, Casandra, hija de Príamo y Hécuba, tubo un hermano gemelo al nacer, Héleno, y los felices padres celebraron una fiesta en el templo de Apolo Timbreo, en las afueras de Troya. Al anochecer, embriagados, regresaron al hogar, olvidándose de sus hijos, que pasaron la noche en el santuario. Cuando a la mañana siguiente fueron a buscarlos, los encontraron dormidos mientras dos serpientes les lamían los oídos; de esta forma Héleno y Casandra, purificados por el animal que simbolizaba a Apolo, adquirieron el don de la adivinación.

Otra versión del mito dice que Casandra había aprendido el arte adivinatorio de Apolo enamorado de ella. Una vez poseedora del conocimiento no quiso entregarse a Apolo y, en castigo, el dios quitó a sus palabras todo viso de credibilidad: en adelante Casandra podría adivinar el futuro pero no sería creída. Así, la hija de Príamo y Hécuba tuvo que asistir impotente a los preparativos de la guerra de Troya que ella había predicho, oponiéndose sin éxito a que entrara en la ciudad el famoso caballo de madera.

Apolo poseía de Zeus el conocimiento de los oráculos y de los destinos, pero Él daba a conocer la voluntad de su padre por la inmediación de la Pitia.  Se creía que el nombre de la primera Pitia era Femonoe, la compresora de las voces; ella fue escogida de entre las doncellas de Delfos y, como más tarde las Vestales romanas, estaba obligada a la castidad; no se exigía que la Pitia poseyese una inteligencia superior, por el contrario, cuanto más sencilla de espíritu, más apta parecía para los servicios a que se la destinaba.

Para profetizar la sacerdotisa se encaramaba a un trípode colocado encima del lugar en el que una derivación artificial vertía las aguas del manantial Casotis. Precedía  a toda consulta de la Pitia un sacrificio y sólo cuando el examen de las entrañas de la víctima presentaba síntomas favorables, entraba en escena la sacerdotisa de Apolo.  Ella después de purificarse entraba en el Adyton, vestida con un traje teatral que recordaba el de Apolo Musageta; bebía agua de la fuente Casotis, se ponía una hoja de laurel en la boca y teniendo en la mano una rama de este mismo árbol, se encaramaba al trípode.

Entonces los consultantes, que aguardaban en una habitación contigua, eran introducidos por turno y proponían sus preguntas, ya de viva voz, ya por escrito. La Pitia, embriagada al parecer por los vapores del antro, y cogida por el dios, caía inmediatamente en éxtasis. Esta crisis nerviosa no era siempre simulada, porque en tiempos de Plutarco una Pitia murió a consecuencia de ella.

Una de estas mujeres de Apolo fue Aristónica, pitia del santuario de Delfos que vivió durante la época de las guerras médicas (480 a.C.) y que ofreció a los magistrados atenienses un oráculo acerca de cuál iba a ser su futuro ante las huestes persas. De entre su profecía en verso destaca la parte interpretada por Temístocles que dice así:

 

“Mira, al ser tomado lo demás que contienen en su interior
la frontera de Cécrope y la gruta del divino Cicerón,
Zeus, de amplia mirada, concede a Tritogenia
que una muralla de madera
sea la única inexpugnable, que te servirá a ti y a tus hijos.”

 

Según Temístocles lo que los atenienses debían hacer era disponerse para una batalla naval, ya que era esto y no a las murallas a lo que se refería el  “muro de madera”. Poco después los atenienses vencían en Salamina.

Además del santuario de Delfos, existían en Grecia otros a los que se iba a consultar al oráculo de Apolo: en Beocia, los de Ocrefia y Tebas; en el Peloponeso, el de Argos; pero el oráculo más famoso, después del de Delfos, se encontraba en el Asia Menor, en Mileto, o mejor dicho, a poca distancia de la ciudad, en Dídima.

En él se adoraba a Apolo con el  nombre de Didimeo o gemelo. El fundador del oráculo fue Branco, adivino y purificador legendario, hijo de Esmicro (héroe originario de Delfos) afincado en Mileto. Según cuenta la leyenda mientras Branco cuidaba su rebaño en el monte fue amado por Apolo, quien le obsequió con el don de la adivinación por medio de un beso. Él fundó el santuario oracular de Dídima que fue atendido por sus descendientes. El nombre de la única sacerdotisa que conocemos de este santuario es Trifosa, citada en una inscripción tardía del año 200 de nuestra era. La sacerdotisa de Apolo Didimeo caía en trance extático de manera similar a la pitia de Delfos. El ritual también era bastante similar y la pitia sostenía entre sus manos una vara, se sentaba sobre una tabla, lavaba sus pies y el borde del vestido en agua sagrada, aspiraba vaporea, ayunaba tres días y se retiraba al adyton.

Remontando la costa de Asia Menor, se encontraba el oráculo de Claros, cuya fundación era atribuida a Manto, hija de Tiresias. Más al sur, en Licia, existía un santuario de Apolo en Patara; la sacerdotisa que los servía, antes de contestar las preguntas que se le dirigían, pasaba la noche en el templo, donde era visitada por el dios, produciéndose una especie de hierogamia entre el dios y la mujer.

En Mantinea existía otro templo de Apolo y las noticias de una de sus sacerdotisas nos viene de manos de Platón, quien en el Banquete afirma que la sacerdotisa Diotima había celebrado un sacrificio con la intención de alejar durante diez años la peste que asoló a Atenas a comienzos de la guerra del Peloponeso. En dicho diálogo Sócrates se declara discípulo de Diotima, de quien ha aprendido la doctrina de la inmortalidad del alma y las teorías de la reminiscencia y del Amor.

En el mito griego, la mujer aparece como dueña de la vida y de la muerte en la personificación del destino en un grupo de tres mujeres, las Parcas. El Destino es un dios ciego, hijo del Caos y de la Noche, y tiene en sus manos la urna que encierra la suerte de los mortales y de los mismos dioses; las Parcas, hijas de Temis, son las encargadas de ejecutar sus órdenes.

 

La primera de ellas es Cloto, la hilandera, que tiene en su mano una rueca que lleva prendidos los hilos de todos los colores y de todas las calidades, de seda y oro para los hombres cuya existencia ha de ser feliz, y de cáñamo y lana para los destinados a ser pobres y desdichados.  La segunda de las Parcas es Láquesis, la que dispone del destino; ella es la encargada de dar vueltas al huso en el que se van arrollando los hilos que le presenta su hermana. Y la tercera es Átropos, la inexorable, que inspecciona el trabajo de sus dos hermanas y que corta el hilo de la vida con las tijeras de la muerte cuando le place.

 

En las creencias germánicas, las tres Parcas eran las Nornas, quienes tejían la trama del destino y repartían la fortuna sobre la cuna de cada recién nacido. Sus nombres eran Urda, Verdandi y Skuld, y representaban el pasado, el presente y el futuro.

 

Las Nornas llevaban el nombre de Vala, o profetisas, ya que tenían el poder de la adivinación, un poder que se creía restringido al sexo femenino. Estas profetisas, a las que también se conocía como Idises, Dises o Hagedises, oficiaban en los santuarios forestales y en arboledas sagradas, y siempre acompañaban a los ejércitos invasores. Encabezando o mezcladas entre el ejército, conducían vehementemente a los guerreros a la victoria, y cuando la batalla había concluido a menudo cortaban el águila sangrienta en los cuerpos de los prisioneros. La sangre se recogía en grandes baldes, en los que las Dises sumergían sus brazos desnudos hasta los hombros, antes de unirse a la frenética danza con la que concluía la ceremonia.

Sibila Persa

Sibila Persa

Las Sibilas eran mujeres con dotes proféticos que a veces caían en un estado de trance para tener, por lo general, malos presentimientos. Como que estas visiones solo se habían de cumplir al cabo de muchos años, algunos sacerdotes empezaron a recopilar las profecías de modo que la posteridad tuviera constancia de ellas.

La idea general que se tenía sobre una Sibila era la de una vidente en misteriosa soledad, que sólo en ocasiones se acercaba a los hombres, y que desaparecía luego entonando la melodías proféticas. En una época posterior se imaginaba a las sibilas como escritoras, siendo  Dafne, la hija de Tiresias, enviada como ofrenda a Delfos por los epígonos, “escribió allí toda suerte de cresmos de diverso género”.

*El cresmo es la profecía conservada desde antiguo, sin previa interrogación; el oráculo, lo que se manifiesta en un momento  determinado como contestación a una pregunta.

El término de sibila aparece por primera vez en el siglo V a. C. en la obra de Heráclito de Éfeso quien lo utiliza para designar a una sola profetisa. Otros autores también la citan como si de una sola persona se tratase, así Eurípides la cita en el prólogo de su tragedia Lamia, Aristófanes la ridiculiza y Platón la asocia a la pitia de Delfos. No será hasta el siglo IV a. C. cuando se consolidará la creencia en una pluralidad de sibilas que se irán incrementando hasta llegar a diez en la clasificación de Varrón (s. I a. C.).  La siguiente clasificación sigue un criterio geográfico dependiendo del lugar donde la sibila ejercía su don profético:

 

Sibila Líbica

Sibila Líbica

Sibila persa. También es llamada caldea, hebrea o babilónica y su nombre era el de Sabe o Sambethe. Entre sus méritos destacan el haber anunciado los sucesos de la torre de Babel y las victorias de Alejandro Magno.

Sibila libia. A veces llamada también egipcia, fue conocida en Grecia hacia mediados del siglo V a.C.

Sibila délfica. Se presenta como hija de Apolo y según algunos autores sustituyó a la pitia.

Sibila cimérica. Conocida también como itálica residía en las proximidades del lago Averno. Posteriomente fue eclipsada por la sacerdotisa del templo de Apolo en Cumas. Según el poeta Nevio, el más importante de sus consultantes fue Eneas.

Sibila eritrea. Fue una de las sibilas más conocidas y de mayor prestigio del mundo helenístico.

Sibila Délfica

Sibila Délfica

Sibila samia. Se la sitúa en torno a la fundación de Bizancio y recibe el nombre de Femónoe siendo la primera que cantó en hexámetros según Pausanias.

Sibila cumana. Fue la más famosa entre los romanos gracias a la Eneida de Virgilio quien la relaciona con Eneas y los tiempos anteriores a la fundación de Roma.

Sibila helespóntica. Una de las sibilas anteriores a la guerra de Troya y predijo la perdición de la ciudad a causa de Helena.

Sibila frigia. Recibe diversos nombres, como Artemis, Herófile, Saríside o Casandra.

Sibila tiburtina. En origen era una ninfa itálica pero la posterior popularidad de las sibilas hizo que se la asimilase a una de ellas. Su nombre era Aniena o Albúnea.

Sibila Eritrea

Sibila Eritrea

 

Los romanos en sus propias tierras no tenían ningún oráculo importante por lo que su sed de profecías la apagaban viajando a Dodona, Delfos o incluso a los santuarios de las costas de Asia Menor. Finalmente asimilaron una de las formas menos importantes de los oráculos griegos, las sentencias de las Sibilas y sus libros marcaron el destino de su Imperio.

Al siglo VI corresponde la famosa compra de los Libros Sibilinos en Roma por el rey Tarquino. Puede ser que en esa época se extendiera desde Grecia un deseo general de poseer cresmos, de suerte que también el rey de Roma tuviera noticias de ello.

Sibila-Cumana

Sibila Cumana

Roma administró sensatamente este tesoro y no permitió ningún ordenador que dispusiera de ellos omnímodamente, sino que nombró funcionarios ad hoc, primero dos, luego diez y finalmente quince, con reguladas atribuciones y sólo el Senado podía decidir si había que interrogar los libros y en qué momento.

Pero la Sibila por excelencia fue la adivina de Cumas, en la Campania romana. Su fama se extendió por el Imperio y su cueva se convirtió en un santuario oracular. Según el mito Deífore llevó a Eneas a los infiernos y ofreció un pastel soporífero al perro tricéfalo que guardaba su puerta para poder entrar en el submundo.

Sócrates sobre el diálogo con Diotima

(Amor) Interpreta y transmite a los dioses las cosas humanas y a los hombres las cosas divinas, las súplicas y los sacrificios de los unos y las órdenes y las recompensas a los sacrificios de los otros (…) A través de él discurre el arte adivinatorio en su totalidad y el arte de los sacerdotes relativo a los sacrificios, a las iniciaciones, a los encantos, a la mántica toda y a la magia.

 Diotima .BANQUETE 202 E

En los tiempos antiguos, los pueblos primitivos creían que todos los tipos de perturbación mental se debían a una intervención sobrenatural y si el sentido que hoy damos a estar “un poco tocado” es el de loco, en la antigua Grecia este “toque” era sobrenatural.

“Nuestras mayores bendiciones nos vienen por medios de la locura a condición que nos sea dada por don divino”, dice Sócrates en el Fedro, y prosigue distinguiendo cuatro tipos de locura divina: la locura profética, cuyo dios patrono es Apolo, la locura teléstica, o ritual, cuyo patrono es Dionisos, la locura poética, inspirada por las Musas, y la locura erótica, inspirada por Afrodita y Eros.

De estos cuatro tipos de posesión divina, los dos primeros tenían como protagonistas a las sacerdotisas como elementos de unión entre lo divino y lo terreno;  estas mujeres, inspiradas o poseídas por la divinidad entraban en trance y hablaban a los mortales.

Platón hace a Apolo el patrón de la locura profética; el dios entraba en la profetisa y usaba los órganos vocales de ella como si fueran los suyos propios, por esta razón las declaraciones délficas de Apolo se expresaban siempre en primera persona y no en tercera.

Herodoto nos habla de la profetisa de Pátara, en Licia, lugar que se supone patria de Apolo, y nos explica que ésta era encerrada en el templo por la noche con vistas a una unión mística con el dios ya que la sacerdotisa era considerada a la vez como su médium y su esposa. EL ceremonial iba precedido por una serie de actos rituales antes de sentarse sobre el trípode: se bañaba y bebía de un manantial sagrado; establecía contacto con el dios mediante un árbol sagrado, el laurel, ya fuese cogiendo en su mano una rama de laurel, fumigándose a si misma con hojas de laurel quemadas, o masticando sus hojas.

EL ejemplo más claro que tenemos para ilustrar  el tipo de visiones que tenían estas sacerdotisas es el que nos da Plutarco de Casandra en el Agamenón, donde nos cuenta  que la profetisa se lanzó un día a la calle gritando que veía la ciudad llena de cadáveres y sangre. Este tipo de posesión suponía un peligro para la vida de la Pitia y  “Plutarco refiere el caso de una de las últimas Pitias que había entrado en trance de mala gana y en un estado de depresión, por ser los presagios desfavorables.  Desde el comienzo habló en una voz ronca, como angustiada, y pareció poseída por un espíritu mudo y maligno; finalmente se precipitó, lanzando gritos, hacia la puerta, y cayó al suelo; todos los presentes, incluso el Prophetes, huyeron despavoridos. Cuando volvieron para levantarla, había vuelto en sí: pero murió a los pocos días.”

Durante la edad media el culto a los antiguos dioses fue calificado de herejía y relegado a las clases populares; no es hasta la época del Renacimiento cuando de mano del filósofo Marsilio Ficino se recupera el estudio de los que se han llamado “Los Furores divinos”.

A lo largo de su vida tradujo a Platón, Plotino, Porfirio Jámblico, Psello, Proclo y un largo etcétera, pero la respuesta a los diferentes tipos de posesión divina, entre las que destaca la posesión de las Pitias, la encontró en el Fedro de Platón y tras su lectura del griego clásico y posterior traducción  escribió su comentario personal, del que entresacamos las citas que explican las posesiones de las sacerdotisas, aunque no haga referencia directa a ellas.

En su carta a Peregrino Alio sobre el ‘Furor divino‘, Marsilio Ficino define los dos furores de la manera siguiente:

 “Piensa (Platón) que una de ellas se refiere a los misterios y la otra a la que llaman profecía, a los sucesos futuros. Define el primer furor como una violenta excitación del ánimo en los hechos que pertenecen al culto de los dioses, a la religión, a la expiación y a las ceremonias sagradas. Al afecto de la mente que imita con falsedad a este furor, lo denomina superstición. Pero la última naturaleza del furor, en la que coloca la profecía, no piensa que sea sino un presagio inspirado por el soplo divino. A esta naturaleza la hemos denominado con un término más apropiado adivinación y profecía. Si el alma en esta misma adivinación se enciende con mayor viveza, la llama furor, cuando la mente, libre del cuerpo, es agitada por el divino instinto”.

 

baco bacchus DionisoLa experiencia dionisíaca es esencialmente colectiva o congregacional y la inducción al éxtasis viene dada, a diferencia de la experiencia apolínea, por el uso del vino y de la danza religiosa. La función de este ritual era catártica, siendo como una válvula de escape a los impulsos irracionales de aquellos que participaban en el ritual.

Para alcanzar la kátharsis era necesaria una danza “orgiástica” acompañada de una música que era tocada con flautas y tambores; al danzar las coribantes caían en una especie de trance que podía ir acompañado de perturbación mental cuyos síntomas físicos eran ataques de llanto y palpitaciones violentas del corazón.

Una descripción de lo que suponía este culto, esta posesión divina nos la ofrece la poetisa Mirtida de Antedón del siglo IV a. C.:

“Licenión Y Aglae me llevaron a vivir los misterios de Dionisos, en los bosques nunca hollados. Me dieron el tirso. A media noche oímos mugir al dios. ¡Qué alegría! Una gran simpatía empezó a fluir de los seres y las cosas; mi cuerpo se volvió ingrávido; y todo mi ser, caliente y húmedo. Una indecible sensación de continuidad inundó mi ánimo; perdí la noción de los espacios entre las cosas, y llegué a experimentar la conciencia del todo. Cuando caí en éxtasis, sentí que nunca podría morir; en mí había algo que se reía de la estúpida muerte”.

 

 

8
may

Jean Markale: la adquisición de la Awen

   Posted by: Gundulf Tags:

La Awen sacerdotal de los vaticinadores es fruto de un peligroso viaje hacia un mundo mágico, un don que suele ser el botín rescatado de la guarida de una bruja o un mago. A pesar que existen diversas versiones del mito, Jean Markale nos muestra una extraña historia que cuenta Plinio el Viejo (Historia natural, XXIX, 52) y que debe ser interpretada como un viaje por el inframundo del que se extrae el conocimiento arcano.

En su Historia Natural Plinio nos habla de una especie de huevo muy conocido en las Galias. Durante el verano, innumerables serpientes que están enrolladas juntas, se unen en un abrazo armonioso formando el huevo de serpiente. Los druidas dicen el huevo es lanzado entre silbidos y que hay que recogerlo con un manto antes de que toque el suelo. En este momento, el raptor debe huir velozmente a caballo, puesto que le persiguen las serpientes, que solo se detendrán ante el límite de un río. Para el que escapa, llevar el huevo será un obstáculo añadido en la huída, pues este huevo flota contra la corriente, incluso si está enganchado a algo de oro.

En estas palabras de Plinio, Markale identifica elementos característicos de una verdadera epopeya iniciática en la que el héroe penetra en el otro mundo, en los ámbitos prohibidos al común de los mortales, un mundo concomitante al nuestro cuyas puertas de acceso son numerosas, a poco que se tenga el famoso don de la doble visión. Primero el héroe celta, y más tarde el caballero griálico, descubre en ese mundo maravillas indescriptibles, tesoros y secretos del Otro Mundo que sólo podrá traer consigo si huye sin volver la vista atrás, si consigue alcanzar el límite del mundo real antes de que sus perseguidores lo alcancen en su mundo.

Esta interpretación de la narración de Plinio se ve refrendada por la tradición popular oral, donde existe un tipo de cuento bastante extendido, en el que un joven se introduce en la morada de un mago o incluso del diablo, donde se convierte en criado. El joven aprende casualmente los secretos del mago, libera a una joven prisionera que le ayuda con sus consejos y huye con ella en un caballo más veloz que el viento, llevándose los secretos o los tesoros que allí había (el paralelismo nórdico de este pasaje lo podemos encontrar en la huída de Sigmundo y Siglinda de su esposo Hunding). Evidentemente, el mago los persigue pero, cuando han logrado atravesar un río, se ve obligado a darse por vencido y dejarles marchar al otro lado del espejo, en este caso el mundo de los humanos.

Markale nos ofrece una segunda comparación con las leyendas referidas a vouivres, es decir, mujeres-serpiente, como Melusina, esas mujeres mágicas que acuden a beber a las fuentes aisladas de los bosques. En los cuentos populares, su descripción es fantástica: tiene el cuerpo a menudo recubierto de fuego, uno de sus ojos es un rubí u otra piedra preciosa, o bien ocultan en la cola, además, una piedra mágica que da la invisibilidad, la riqueza o el conocimiento. Y se cuenta que en el momento en que beben en la fuente, depositan dicha piedra en el borde: es el momento, para todo audaz que se respete, de precipitarse, coger la piedra y huir lo más deprisa posible. Y pobres de quienes se dejen atrapar por la vouivre.

La versión nórdica es algo diferente, pero únicamente en el final de la historia: “Se dice que tres de las valquirias, Olrun, Alvit y Svanhvit, estaban jugando en una ocasión en las aguas, cuando los tres hermanos Egil, Slagfinn y Völund, o Wayland el herrero, se aparecieron de repente ante ellas y, cogiendo sus plumajes de cisne, los jóvenes las obligaron a permanecer en la Tierra y a convertirse en sus esposas. Las valquirias así retenidas permanecieron con sus esposos durante nueve años, pero al finalizar ese período, recuperando sus plumajes, o rompiendo el hechizo de alguna otra manera, lograron escapar”.

25
mar

El Radagaisus godo y el Radagast de Tolkien

   Posted by: Gundulf Tags: ,

El Radagast de Tolkien fue, junto a Gandalf y Saruman, uno de los tres magos enviados a la Tierra Media. Era originariamente un espíritu maia de Yavanna llamado Aiwendil, que significa ‘amante de las aves’, y tenía la virtud de hablar con los animales, sobre todo con los pájaros. Poco se sabe de él tras la Guerra del Anillo, excepto algunas anotaciones que aparecen en Las cartas y en los Cuentos inconclusos. Se dice que Radagast se quedó en el noroeste de la Tierra Media, en Rhosgobel en las fronteras del Bosque Negro, y que se interesó demasiado en animales y aves, y en cambio se desinteresó en lo que de verdad le concernía: luchar contra Sauron.

El espíritu maia de Radagast era capaz de hablar y entender el lenguaje de los pájaros, uno de los poderes característicos de todo chamán. Existe la creencia que los primero chamanes fueron aves, y está atestiguado el uso de disfraces de pájaro por parte de los chamanes cuando su alma viaja por todas partes, observando sucesos en lugares remotos, mientras su cuerpo yacía inanimado en casa (E.R. Dodds. Los griegos y lo irracional).

En la mitología escandinava, la facultad de entender el lenguaje de los pájaros era signo de gran sabiduría, no solo Odín la poseía, cuyos cuervos Hugin y Munin volaban por todo el mundo y le contaban lo que sucedía, también Sigurd fue capaz de entender el lenguaje de los pájaros tras probar la sangre del dragón Fafner.

Además de dejar claro que el mago Radagast poseía uno de los principales poderes atribuidos a los chamanes, poco más dice Tolkien respecto a Radagast. Existen sin embargo otras fuentes que arrojan más luz acerca del personaje de Tolkien, fuentes históricas que inspiraron a Tolkien en la creación de su mago Ragadast: el godo Radagaisus.

Después de luchar junto a Alarico y ser derrotado en las campañas godas del año 401, el rey godo Radagaiso invadió Italia en el año 406. Las fuentes no le atribuyen los poderes chamánicos del trance y la bilocación de los chamanes griegos, sin embargo su nombre puede vincularse al sacerdocio de Zalmoxis.

Su nombre godo Radagais fue latinizado añadiendo el sufijo –us, y las fuentes dicen que era un godo pagano practicante, que se creía protegido por los dioses, a los que ofrecía sacrificios. San Agustín lo cita en suLa ciudad de Dios”, y explica que a pesar de todo su potencial bélico, y de aplacar e invocar a los dioses con sacrificios diarios, fue vencido.

Las fuentes hablan de él como de jefe bárbaro, e incluso como rey godo, sin embargo la etimología de su nombre godo muestra un significado que podríamos asociar a la esfera religiosa, a la de un miembro de la casta sacerdotal goda, ya que su hombre significa “lanza de sabio consejo”.

 

No mucho más atrás en el  tiempo los sacerdotes de Zalmoxis hicieron uso del ritual de las lanzas para comunicarse con su dios a través de sacrificios humanos. Como su propio nombre lo indica, el consejero de la lanza, Radagaisus poseía los atributos de un sacerdote godo y la capacidad de oficiar sacrificios humanos como habían hecho los tracios no muy lejos del lugar donde él mismo había nacido.  Al igual que los sacerdotes de Zalmoxis, el godo Radagaisus buscó la ayuda y el consejo de los dioses mediante sacrificios, ya que su futuro y el de su pueblo dependería del favor de los dioses.

La figura de Radagast de Tolkien, un chamán retirado en el bosque, tiene su contrapartida en la de un chamán guerrero, un líder que guió a sus hombres mediante víctimas cruentas a los dioses, sacrificios paganos bien alejados del ideal de Tolkien.

La gran pregunta es, ¿hasta qué punto Tolkien se inspiró en la figura histórica de Radagaisus para su Radagast? ¿Qué relación hay entre el Radagast chamán y el Radagaisus sacerdote godo? Podemos estar seguros que Tolkien conocía la etimología de Radagaisus, pero ¿conocía también el culto dacio y lo que pudo haber significado ‘consejero de la lanza’? Y la otra gran pregunta es, ¿fue Radagaisus el único sacerdote Asatrú godo que la historia ha registrado? El significado de su nombre y sus sacrificios a los dioses, así parecen indicarlo.

Lo que sí es cierto es que tras la derrota en el mítico bosque de Myrkviðr que separa los godos de los hunos, Atanarico y unos pocos guerreros se quedaron en la desembocadura del río Don en el mar de Azov para defender la huída de sus hermanos hacia el Imperio. Seguramente entre ellos estaba Radagaisus, un godo tarabostesei perteneciente a un linaje de sacerdotes-chamanes godos, que con los años saldría del Bosque Negro para guiar a sus hermanos contra el Imperio Romano.

29
feb

Hispania 589: el teatro de Bilbilis

   Posted by: Gundulf Tags:

De Tarracona bajó por la costa hasta la ciudad de Dertosa, desde donde remontó el río Ebro hasta Caesaraugusta. Enclavada en un lugar estratégico en el valle del río, la ciudad era sede de un destacamento permanente de los ejércitos del rey que tenía como objetivo vigilar las comunicaciones a través de los Pirineos. Al otro lado estaba el reino de los francos, y aquella ciudad era el mejor baluarte para controlar los pasos de montaña. Estuvo allí casi dos semanas, durmiendo por el día en una taberna de los suburbios mientras por las noches animaba con música y canciones las fiestas privadas de los guerreros.

Cuando se percató de que los soldados habían ya gastado casi todo su dinero, dejó el valle del Ebro para dirigirse hacia el suroeste. Su siguiente destino era la ciudad de Bilbilis, situada en mitad de las montañas y conocida por sus caballos y armas, y en especial por su espléndido teatro. El más ilustre de sus hijos, el poeta romano Marcial, la había incluido en su obra Descripción de Hispania haciéndola así famosa en todo el orbe romano. Sin embargo, al llegar después de subir por aquellas montañas, el escaldo se dio cuenta de que había sido una idea nefasta y poco provechosa. La ciudad yacía casi abandonada, y apenas vivían entre sus viejos muros unos pocos criadores de caballos y algún que otro campesino libre. Cuando estaba a punto de entrar en la ciudad, uno de aquellos criadores le vio y se acercó a él. Era un hombre de unos cuarenta años que vestía una túnica marrón y llevaba muñequeras de cuero, y que, extrañado de que alguien se acercase por aquellos municipios, le preguntó por su destino.

—Hace tiempo leí una obra de Marcial, un paisano de Bilbilis, en la que se citaba su magnífico teatro; pensé que tal vez podría trabajar aquí algunos días.

—¿Marcial? —preguntó pensativo el criador—. No, no conozco a nadie con ese nombre por estas contradas. De cualquier manera, te diré que hace mucho que aquí ya no se celebran las ferias de ganado, y del teatro todavía queda algo en pie como podrás ver tú mismo.

—¿Algo en pie? —preguntó el escaldo, sorprendido.

—Últimamente vienen algunos comerciantes a llevarse el mármol de la ciudad, y el teatro es su mejor cantera.

«Algo en pie», se repitió mientras se dirigía expectante hacia donde le había indicado el hombre. Debía atravesar lo que quedaba del foro, donde algunos edificios habían sido reconvertidos en establos. Decidió dar un pequeño rodeo y subió al lugar de honor del ágora, el punto más alto de la ciudad y donde antaño se alzase un templo pagano del que ya solo quedaban las basas de mármol de las columnas. Desde allí, la vista sobre toda la urbe era inigualable y, detrás de un muro medio derruido, pudo vislumbrar una columna del teatro bilbilitano y toda la zona de las gradas que se extendía por la ladera siguiendo la pendiente natural de la montaña. Tomó una de las calles que salían del ágora y bajó hasta la puerta de acceso al teatro. Una vez allí, resopló temiendo lo que iba a encontrar.

Cuando atravesó el umbral, ante sus ojos apareció lo poco que quedaba del teatro. La pequeña escena sólo conservaba las tres puertas del primer piso flanqueadas por falsas columnas. De las cuatro columnas corintias del segundo piso ya sólo quedaba una en su sitio, la que había visto desde el templo. Dos columnas habían desaparecido y la cuarta yacía en el suelo de la orchestra hecha pedazos con su capitel deshojado. Se agachó, recogió un pedazo del capitel, levantó la mirada y lo lanzó con rabia hacia los respaldos de mármol de las últimas gradas. Solo allí, en la parte más alta de los graderíos, los asientos conservaban sus revestimientos. Las placas de mármol que cubrían los asientos más cercanos a la escena habían sido arrancadas y únicamente el asiento de honor de primera fila continuaba presidiendo el teatro; aquella mole de piedra caliza era el lugar destinado al sacerdote de Dionisos y pesaba demasiado para ser expoliada con facilidad.

MARTÍN BUENO, Manuel y SÁENZ PRECIADO, Juan Carlos: Bilbilis, Calatayud, Zaragoza, 2005

El teatro que había escuchado recitar a los rapsodas más famosos de las provincias de Hispania y de parte del Imperio era una completa ruina. Se sentó en el lugar de honor del teatro y observó a su alrededor, intentando imaginar cómo había sido quinientos años atrás, cuando el propio Marcial recitaba desde aquel escenario. Desengañado, lanzó un profundo suspiro. El espejismo que su imaginación había creado era bien distinto a la realidad. Allí no habría más espectadores, ni monedas, ni pan para las historias de un escaldo. Un desvío de dos días de viaje por las montañas solo había servido para ver las ruinas de lo que en un pasado no muy lejano había sido una afamada ciudad romana.

—¿Hacia dónde te diriges ahora, extranjero? —le preguntó el mismo criador de caballos al verle salir de la ciudad—. Ya te avisé sobre el teatro —añadió al verle apesadumbrado.

—A Recópolis, en la ribera del Tajo.

—Tu teatro, en parte, está ahora allí.

—¿A qué te refieres? —preguntó el escaldo, extrañado.

—El rey Leovigildo mandó construir Recópolis en honor a su hijo Recaredo. Todos sus edificios han aparecido de la nada en apenas treinta años, incluido un espléndido palacio de mármol.

—Sí, entiendo. Por ese motivo me dirijo allí —siguiendo el mármol que ahora revestía aquel palacio donde esperaba encontrar trabajo.

—En tres jornadas puedes llegar a Recópolis. Pero por favor, te lo ruego: acepta mi hospitalidad. Déjame invitarte a cenar. Puedes pasar la noche en una de las caballerizas y mañana retomar el camino hacia el sur.

Vista de la cavea del teatro de Bilbilis. (Foto: Roberto Lérida Lafarga 16/03/2008)

26
jun

La Saga de Gundulf el Godo

   Posted by: Gundulf Tags: ,

Todo el reino se dirige a Toledo para asistir al concilio de la conversión de los godos al catolicismo, un acontecimiento histórico que va a cerrar una etapa de la historia de Hispania y devolverá la unidad a la Iglesia. Gundisulf, escaldo en busca de un gran señor al que asombrar y entretener con sus sagas, entrará en contacto con Alberico, obispo arriano y general de las jaurías de los guerreros lobo del rey visigodo.

Intrigado por las alusiones del escaldo a una vieja historia, Alberico conducirá a Gundisulf a las entrañas de los subterráneos de la ciudad, donde se encuentra el maravilloso tesoro de los visigodos. Allí, el escaldo le contará la saga de uno de sus antepasados que no sólo explica la presencia de los godos en Hispania, sino también la existencia del gran tesoro que están contemplando y los misterios del furor que puede hacer que los guerreros se conviertan en lobos durante la batalla.

La saga de Gundulf narra como un niño godo es enviado como rehén al palacio imperial de Constantinopla, donde queda al cuidado de los grandes eunucos de la corte. Encerrado durante años en una jaula oro el huésped imperial descubrirá en la cancillería la entrada al laberinto del conocimiento, donde aprenderá la filosofía y la sabiduría arcana, e irá descubriendo los misterios de una religión que se encuentra en retirada ante el nuevo poder de la fe cristiana. El joven godo deberá aprender a espiar y luchar para sobrevivir, y en su búsqueda de lo arcano, deberá enfrentarse a emperadores y príncipes de la Iglesia para hacerse con los míticos anillos del mago Apolonio de Tiana.

Con el avance de los hunos Gundulf deberá volver con los suyos para convertirse en juez de los godos junto a Alarico, y conducir a su pueblo a una nueva patria, luchando unas veces contra las legiones de Roma, y otras al servicio de emperadores y usurpadores.

Su viaje a partir de Adrianópolis estará lleno de obstáculos y para superarlos deberá adentrarse cada vez más en el laberinto del conocimiento antiguo. Presenciará la división del Imperio, la desaparición de los druidas y la destrucción de la biblioteca de Alejandría, y con el tiempo protagonizará el saqueo de Roma y guiará finalmente a los godos hasta la tierra prometida, su nueva Gotia en Hispania.

{"error":"Website uid not found"}