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15
sep

Dioniso-Baco y su séquito

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Dioniso, Ménades y Sátiros. Ánfora griega de figuras negras

Dioniso, Ménades y Sátiros. Ánfora griega de figuras negras

“Las mujeres de la familia real y otras tebanas,  jóvenes, viejas y doncellas, desertan de todos sus deberes sociales y se lanzan a los bosques. Allí prescinden de sus vestidos, como trogloditas, para cubrirse con pieles de corzo y celebrar bacanales entusiastas, cantando y danzando a todas horas el retorno de la animalidad. Llevan enroscadas serpientes que lamen sus mejillas; en sus brazos portan cabras monteses o lobeznos salvajes, y les daban blanca leche cuantas tenían aún el pecho rebosante por haber abandonado a sus hijos”.

Dionisos era como el Soma  védico un dios-planta, culto transicional entre lo arcaico y lo civilizado que se hizo oficial en el siglo V a. C. Eurípides nos describe el vino como “ese phármakon único para inducir el sueño y el olvido de las penas cotidianas, que se vierte en libación para los dioses y es en sí un dios”, dado que el dios-planta es Dionisos-vid(vino). Pero además de la embriaguez que conlleva el vino, dicho dios tiene otros atributos y se le rinde culto también por otras causas.

Si bien Apolo es el dios profético por excelencia, en Delfos podía verse también la tumba de Dionisos en el templo del hermano de Artemis. El sacerdocio apolíneo alentaba el culto de Dionisos considerado como médico o agenciador de salud. Dionisos era realmente un médico, no a causa del valor higiénico del vino, sino porque era el símbolo de las fuerzas telúricas, porque a título de hijo, de asociado, de heredero de la Tierra, conocía las fuentes ocultas de la vida y de la muerte. Como tal  disponía también de modos revelatorios propios de la mántica, la inspiración y los sueños.

El único oráculo griego de Dioniso de que se ha conservado mención es el de Anficlea en Fócida, en la falda de la vertiente septentrional del Parnaso. Herodoto menciona la existencia de un oráculo de Dioniso entre los Satras, población que habitaba la Tracia, país que para muchos autores era la patria primera del dios del vino. ”Los Satras tienen un oráculo de Dioniso situado en el mas alto de sus montes. Los Besos son los servidores del templo: una profetisa da los oráculos como en Delfos, y no es menos ambigua”. Aristóteles también menciona un templo consagrado a Dioniso entre los Ligirios de Tracia, santuario del cual se daban oráculos.

Las únicas noticias que tenemos de una sacerdotisa de Dionisos es una ciudadana romana llamada Pácula Annia pero que representa un culto del dios ya civilizado en su forma tardía de Baco. Esta “sacerdotisa-vidente” del siglo II a. C. introdujo un cambio radical  iniciando a los hombres en los ritos báquicos, hasta entonces únicamente celebrados por mujeres. En estas Bacanales se daba el éxtasis profético entre danzas con bruscos ritmos corporales, música y vestidos de pieles, y los hombres poseídos por dicho éxtasis hacían vaticinios. “Ésta fue una de las razones de que, siguiendo instrucciones del Senado romano, el cónsul Postumio llevara a cabo el 186 a. C. la célebre represión de las Bacanales, que en adelante fueron prohibidas en Roma”.

Sibila Persa

Sibila Persa

Las Sibilas eran mujeres con dotes proféticos que a veces caían en un estado de trance para tener, por lo general, malos presentimientos. Como que estas visiones solo se habían de cumplir al cabo de muchos años, algunos sacerdotes empezaron a recopilar las profecías de modo que la posteridad tuviera constancia de ellas.

La idea general que se tenía sobre una Sibila era la de una vidente en misteriosa soledad, que sólo en ocasiones se acercaba a los hombres, y que desaparecía luego entonando la melodías proféticas. En una época posterior se imaginaba a las sibilas como escritoras, siendo  Dafne, la hija de Tiresias, enviada como ofrenda a Delfos por los epígonos, “escribió allí toda suerte de cresmos de diverso género”.

*El cresmo es la profecía conservada desde antiguo, sin previa interrogación; el oráculo, lo que se manifiesta en un momento  determinado como contestación a una pregunta.

El término de sibila aparece por primera vez en el siglo V a. C. en la obra de Heráclito de Éfeso quien lo utiliza para designar a una sola profetisa. Otros autores también la citan como si de una sola persona se tratase, así Eurípides la cita en el prólogo de su tragedia Lamia, Aristófanes la ridiculiza y Platón la asocia a la pitia de Delfos. No será hasta el siglo IV a. C. cuando se consolidará la creencia en una pluralidad de sibilas que se irán incrementando hasta llegar a diez en la clasificación de Varrón (s. I a. C.).  La siguiente clasificación sigue un criterio geográfico dependiendo del lugar donde la sibila ejercía su don profético:

 

Sibila Líbica

Sibila Líbica

Sibila persa. También es llamada caldea, hebrea o babilónica y su nombre era el de Sabe o Sambethe. Entre sus méritos destacan el haber anunciado los sucesos de la torre de Babel y las victorias de Alejandro Magno.

Sibila libia. A veces llamada también egipcia, fue conocida en Grecia hacia mediados del siglo V a.C.

Sibila délfica. Se presenta como hija de Apolo y según algunos autores sustituyó a la pitia.

Sibila cimérica. Conocida también como itálica residía en las proximidades del lago Averno. Posteriomente fue eclipsada por la sacerdotisa del templo de Apolo en Cumas. Según el poeta Nevio, el más importante de sus consultantes fue Eneas.

Sibila eritrea. Fue una de las sibilas más conocidas y de mayor prestigio del mundo helenístico.

Sibila Délfica

Sibila Délfica

Sibila samia. Se la sitúa en torno a la fundación de Bizancio y recibe el nombre de Femónoe siendo la primera que cantó en hexámetros según Pausanias.

Sibila cumana. Fue la más famosa entre los romanos gracias a la Eneida de Virgilio quien la relaciona con Eneas y los tiempos anteriores a la fundación de Roma.

Sibila helespóntica. Una de las sibilas anteriores a la guerra de Troya y predijo la perdición de la ciudad a causa de Helena.

Sibila frigia. Recibe diversos nombres, como Artemis, Herófile, Saríside o Casandra.

Sibila tiburtina. En origen era una ninfa itálica pero la posterior popularidad de las sibilas hizo que se la asimilase a una de ellas. Su nombre era Aniena o Albúnea.

Sibila Eritrea

Sibila Eritrea

 

Los romanos en sus propias tierras no tenían ningún oráculo importante por lo que su sed de profecías la apagaban viajando a Dodona, Delfos o incluso a los santuarios de las costas de Asia Menor. Finalmente asimilaron una de las formas menos importantes de los oráculos griegos, las sentencias de las Sibilas y sus libros marcaron el destino de su Imperio.

Al siglo VI corresponde la famosa compra de los Libros Sibilinos en Roma por el rey Tarquino. Puede ser que en esa época se extendiera desde Grecia un deseo general de poseer cresmos, de suerte que también el rey de Roma tuviera noticias de ello.

Sibila-Cumana

Sibila Cumana

Roma administró sensatamente este tesoro y no permitió ningún ordenador que dispusiera de ellos omnímodamente, sino que nombró funcionarios ad hoc, primero dos, luego diez y finalmente quince, con reguladas atribuciones y sólo el Senado podía decidir si había que interrogar los libros y en qué momento.

Pero la Sibila por excelencia fue la adivina de Cumas, en la Campania romana. Su fama se extendió por el Imperio y su cueva se convirtió en un santuario oracular. Según el mito Deífore llevó a Eneas a los infiernos y ofreció un pastel soporífero al perro tricéfalo que guardaba su puerta para poder entrar en el submundo.

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