Archive for the ‘Odín’ Category

29
may

Wodan, el dios furioso

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“Mi nombre, Snorri Storluson,
poco importará en la Valhöll,
donde las espadas nos dan, al fin, luz.

Mi innoble profesión es la de escaldo,
esclavo de las palabras,
mercader de sentidos,
bufón de Odín”.

 

 

El nombre Wodan (Alemán Woutan, Anglosajón Wóden, Nórdico Ódhinn) deriva de la raíz Indoeuropea (soplar) que designa el viento o soplo divino. Otras etimologías que ha sido propuestas conectan el nombre con el Inglés antiguo wood y con el Alemán wüten, o con el antiguo Nórdico òdhr (espíritu) o con el Latín vates; pero la más corriente y extendida es la que traduce su nombre como furor, y por tanto al Dios como El furioso, El inspirado o El poseído. Así, Wodan, como poseedor del Wod, es el dios de la batalla, señor de la poesía y de la inspiración y también líder de la Cacería Salvaje.

El porqué de estos atributos debemos buscarlo en los primeros pueblos germánicos agrupados en infinidad de pequeñas tribus alrededor del Báltico, donde el guerrero fue el factor determinante para la vida y preservación del clan. En un tiempo de frecuentes genocidios en la que tribus enteras podían ser reducidas a la esclavitud, únicamente la ayuda de lo sobrenatural podía hacer posible la supervivencia. De esta forma, los antiguos Indo-Europeos y pre-Germanicos wates “chamanes” fueron llamados a ser aquellos intermediarios de lo divino que infundirían entre los guerreros el divino poder en la batalla. Los seguidores de los wates en el mundo proto-germánico, los woda, fueron conocidos en el mundo nórdico tardío como berserkrs “bear-shirts” camisas de osos.

En aquel mundo, Wodan era el maestro chamán y el escaldo, un dios de la muerte y de la abundancia de riquezas. Ambas, su magia y su curiosidad abarcaban todo el mundo. Él era quien traía la victoria en la batalla llevando la muerte a sus enemigos. Su personalidad es cínica y cruel, preparado para conseguir sus objetivos a cualquier precio. Snorri y otros textos islandeses dicen que Odín era temido incluso por la gente que le adoraba. Se dice también que estaba obsesionado por su conocimiento del futuro y sobre lo que representaría para él y para el mundo. En la estructura jerárquica de los dioses, Dumézil dice que Wotan-Odín es el “Rey-Mago”.

Wotan es también el maestro de los antiguos poetas nórdicos, quienes se llamaban a si mismos óðroerir (aguamiel), ya que era común en muchas tradiciones del norte de Europa los ejemplos de cómo beber aguamiel podía conferir dones espirituales o mágicos. El esquema anteriormente visto sobre la iniciación celta se repite en la acción del dios nórdico Wotan, quien bebe del aguamiel mágico Kvasir de un caldero llamado Odhroerir, tras seducir a su guardiana, la hija de un gigante; el patrón se repite hasta el detalle, ganando finalmente el ‘héroe prometeico’ en la huída a su rival gigante.

Pero el significado original, el más presente y que más abarca la realidad del dios Wodan es el de ‘chamán’, y el de woþs, ‘en un estado chamánico de conciencia’. Este significado es atestiguado por el paralelismo del término latino, vates “adivino, profeta, vidente”. También debemos destacar el hecho que el tercer día de la semana, del latín “Día de Mercurio” (Mercurii dies), fuese traducido por los germánicos como “día de Wôôden” (Wednesday). Mercurio (en Grecia, Hermes) era el dios que viajaba entre los reinos de los dioses, entre la vida y la muerte. Como “alma guía” (psychopomp), él acompañaba a las almas de los recién muertos a sus lugares de descanso, así como muchos chamanes hacían.

Wotan es, al igual que Hermes, el inventor de la escritura rúnica. Para llegar al conocimiento, se cuelga durante nueve días del árbol cósmico Yggdrasil para conseguir así la sabiduría de las Runas. La iniciación chamánica es fácilmente perceptible en su viaje de nueve días por el árbol cósmico, así como su paralelismo con los nueve meses que pasa Taliesín en el vientre de la diosa para adquirir el saber druídico.

De esta forma Wotan, como maestro chamán y padre de las Runas, preside también el segundo grado de iniciación de aquellos wates proto-germánicos que más tarde serían conocidos como vitkis; éstos eran magos que practicaban ‘alta magia’, maestros de runas que habían desarrollado medios para alterar su naturaleza utilizando técnicas y rituales mágicos. Pero lo que les diferenciaba de magos, brujas y hechiceros, era el uso de las Runas como núcleo principal en sus prácticas mágicas.

Como dijimos antes, su magia y su curiosidad abarcaba todo el mundo, y de esta forma Wotan, que tenía un anillo llamado Draupnir, en su búsqueda del conocimiento y el poder, viajó por los nueve mundos bajo distintas identidades, aunque su imagen más habitual era la del viejo viajero de larga barba, sombrero ancho y una capa gris o azul. Esa es justamente la apariencia que siempre se ha atribuido a los hombres de conocimiento: magos, brujos, druidas, hechiceros. Es la imagen que nos ha sido legada desde las crónicas antiguas a los modernos escritores, y que valen tanto para el Merlín celta como para el Gandalf de Tolkien.

21
may

Jean Markale: la adquisición de la Awen (II)

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La recuperación de un objeto mágico de la cueva de un mago, o el robo de un objeto a una mujer mágica, abren paso a la iniciación del grado más alto en el sacerdocio celta, el de druida.

El antiguo céltico druwides, se descompone fácilmente en dos elementos: el primero es dru-, prefijo superlativo (que ha dado el adverbio francés très), y el segundo es –wid, de una raíz indoeuropea que ha dado el griego idein, ver y el latino videre, ver, saber. Literalmente los druidas son pues “muy videntes” o, sin ninguna contradicción, “muy sabios”.

La imagen del druida en lo alto de un roble se ha convertido en un lugar común sin justificación etimológica directa. Pero no obstante existe una relación muy sutil entre el druida y el árbol. En todas las lenguas célticas, las palabras que hacen referencia a la ciencia y las palabras que hacen referencia al bosque provienen de la misma raíz indoeuropea: así, el galo vidu, “bosque”, cuyos derivados son coed en galés y koad en bretón-armoricano (koed en dialecto de Vannes), está estrechamente ligado a la raíz que ha dado el videre latino y el idein griego y, por consiguiente, al nombre mismo de los druidas, druwides.

Jean Markale atestigua que esta ambigüedad vuelve a parecer en otras lenguas indoeuropeas, especialmente en el alemán antiguo, a propósito de Wotan-Odín. Los mitólogos alemanes ven en este nombre la raíz wut, que significa “furor sagrado”, atributo que encaja con el carácter atribuido al Odín de las sagas nórdicas, quien se convierte voluntariamente en tuerto y permanece colgado de los pies de una rama del árbol para adquirir el don de la doble visión. Además, la raíz germánica wut presenta una extraña analogía con la palabra inglesa wood, “bosque”. Wotan-Odhin es el dios del saber, el dios-mago por excelencia, lo cual nos lleva a pensar en el personaje de la mitología galesa, igualmente sabio y mago, que se llama Gwyddion, hijo de la diosa Don. El nombre Gwyddion, aunque nos remita a la raíz céltica gwid, que significa “ciencia”, también puede proceder de la raíz del vidu galo.

Junto a Wotan y Gwyddion, existe un tercer personaje que comparte sus atributos. Se trata del famoso mago Merlín, cuya leyenda escrita a partir del siglo XII nos lo muestra como un chamán, hijo de un diablo, más concretamente de un demonio íncubo, y de una jovencita piadosa. Según Jean Markale, Merlín es un ser doble, a la vez diabólico y angélico, producto de dos fuerzas antagónicas, contradictorias. Merlín  es el hijo del Bien y el Mal, hijo de las Tinieblas y de la Luz, y su santuario es el bosque sagrado de los druidas donde, tras haber difundido su palabra en el mundo, se retira en compañía del ermitaño Blaise, a quien dicta sus pensamientos. Ahora bien, el ermitaño Blaise lleva un nombre que desvela su verdadera naturaleza: Blaise no es sino la transcripción francesa de la palabra bretona bleiz (bleidd en galés), que significa ‘lobo’.

En muchos escritos, Merlín se presenta como el señor de los animales salvajes, capaz de mandarlos así como de comprenderlos, y algunas versiones lo muestran incluso en compañía de un lobo gris. Merlín es pues, el druida-chamán que restituye una Edad de Oro en la que los animales y los seres humanos hablaban el mismo lenguaje y donde todo el mundo tenía conciencia de la fraternidad universal de los seres y de las cosas en un universo donde no se conocía dicotomía alguna.

Jean Markale asimila al iniciado druídico con el caballero medieval que se apodera del Grial; en ambos casos, el iniciado que lleva el secreto al país de los vivos, responde al tipo del héroe de luz, de origen prometeico, al misionero que viene a despertar a quienes se dormían en la sombra, faltos de esta luz divina indispensable para la vida. Esto constituye un crimen para los del Otro Mundo, quienes quieren esa luz para sí mismos. Así pues, persiguen al iniciado, pero no pueden cruzar determinados límites.

Es esta especie de sympatheia junto al don de la doble visión, la que según Jean Markale convierte al druida en mediador entre lo visible y lo invisible y en señor del Tiempo y la profecía. Según él, el druida “posee la memoria del centro absoluto, en el corazón del útero materno, cuyos secretos conoce y, sobre todo, puede remontarse en el tiempo sin esfuerzo, o abolir el tiempo, y seguir la espiral del Juego de la Oca, o de la búsqueda, para alcanzar el origen.

Para seguir leyendo:

El Árbol y el Bosque: significados y símbolos dentro del mundo indoeuropeo

22
feb

Ménades de Dioniso y Berserkers de Wotan

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En la antigua Grecia la experiencia dionisíaca era esencialmente colectiva o congregacional y la inducción al éxtasis venía dada por el uso del vino y de la danza religiosa. La función de este ritual era catártica, siendo como una válvula de escape a los impulsos irracionales de aquellos que participaban en el ritual. Para alcanzar la kátharsis era necesaria una danza “orgiástica” acompañada de una música que era tocada con flautas y tambores; al danzar las coribantes caían en una especie de trance que podía ir acompañado de perturbación mental cuyos síntomas físicos eran ataques de llanto y palpitaciones violentas del corazón.

Según el diccionario de la Lengua Española las ménades (del latín maenas, -adis cuya raíz griega significa furiosa) eran cada una de las sacerdotisas de Baco que, en la celebración de los misterios daban muestras de frenesí. Una descripción de lo que suponía este culto, esta posesión divina, nos la ofrece la poetisa Mirtida de Antedón del siglo IV a. C.:

“Licenión y Aglae me llevaron a vivir los misterios de Dionisos, en los bosques nunca hollados. Me dieron el tirso. A media noche oímos mugir al dios. ¡Qué alegría! Una gran simpatía empezó a fluir de los seres y las cosas; mi cuerpo se volvió ingrávido; y todo mi ser, caliente y húmedo. Una indecible sensación de continuidad inundó mi ánimo; perdí la noción de los espacios entre las cosas, y llegué a experimentar la conciencia del todo. Cuando caí en éxtasis, sentí que nunca podría morir; en mí había algo que se reía de la estúpida muerte”.

Volviendo al norte de Europa, encontramos que este ‘furor báquico’ se repite, ya no tanto como aquel que poseen los vates y que proporciona ciertos dones sacerdotales, sino como una derivación de esta kátharsis que se orienta hacia el desarrollo de lo que podríamos llamar ‘habilidades militares’; de esta forma el Wod se convierte en un frenesí de la batalla, y los guerreros poseídos serán los denominados wodas godos de la Antigüedad Tardía y los berserkires del mundo vikingo.

La Saga de los Ynglings, que refiere los momentos míticos fundacionales del mundo germánico, nos presenta a los berserkers como la guardia corps del propio Odín, cuando este dios guerrero y brujo gobernaba el Upland sueco. “En cuanto a los hombres de Odín -nos dice el relato-, iban sin coraza, salvajes como perros y lobos. Mordían sus escudos y eran fuertes como osos y toros. Mataban a los hombres y ni el hierro ni el acero podían nada contra ellos”.

En la realidad histórica de los pueblos del norte de Europa existió una casta especial de guerreros profesionales, llamados berserkers, que como acabamos de ver combatían más salvajemente que los demás debido a que justo antes del combate entraban en éxtasis; esto les llevaba a un estado de ferocidad extrema, que anulaba cualquier sentido de peligro o consideración ajena a la destrucción.

A esto lo llamaban “furor de berserker”, que iba unido de forma inseparable a la apariencia de animales como perros, lobos, osos o toros. Por este motivo algunos estudiosos han querido ver aquí una variante de lo que en antropología se llama el “transformer“, un ser mítico común a todas las religiones agrarias, que se caracterizaba por adoptar a voluntad la naturaleza de cualquier animal.

Existen diversas teorías acerca de las técnicas utilizadas por estos guerreros para tomar esa apariencia. Entre ellas se barajan las siguientes posibilidades:

  • Una de ellas es que el trance era por ingestión de exceso de alcohol, cuyos resultados en la mente serían los de furia y falta de dolor físico. Pero todo el mundo sabe que los borrachos no son guerreros formidables.
  • También se baraja la posibilidad de ciertas plantas chamánicas como la amanita muscaria. La seta da fortaleza y aguante pero también es un gran indigestivo, por lo que ha sido descartada por algunos. A pesar de este problema, existe la posibilidad que los alcaloides fuesen reutilizados a través de la ingestión de la orina del chamán; esto evitaría los problemas gastro-intestinales ya que el alcaloide aparece en estado puro. La combinación de esta seta con el uso del Grosellero negro, ribes nigrum, cuyas hojas son astringentes y antiinflamatorios, facilitaría la toma y disminuiría la aparición posterior de inflamaciones osteoarticulares. También podemos pensar en el uso del Helicriso, Sol de oro, cuyo aceite posee un 50% de nerol, entre cuyas propiedades destacaría el estímulo de la secreción interna de hidrocortisona y sobre la presión arterial.
  • La tercera teoría es la de la autoinducción; según ésta, la mente entra en un estado de luz meditativa en la que se despeja para recibir lo que está a punto de suceder. Mientras danzan los guerreros se concentran en la divinidad y en su personificación de lobo o animal salvaje. La adrenalina se aumenta con los golpes y los movimientos bruscos. Empieza un proceso de hiperventilación para seguir incrementando la adrenalina y superoxigenando la sangre. Los gruñidos y la imitación traen simpáticamente los animales salvajes.

Esta tradición, descrita aquí como la de los bersekers, tuvo una larga y próspera tradición durante toda la Edad Media. El nombre de woda obedece a la tradición de los godos que desaparecería con la irrupción del cristianismo, mientras que el nombre de bersekers pertenece a la tradición nórdico-vikinga. Esta élite de guerreros extáticos, que formaron la mítica guardia personal del mismísimo Odín, se convirtieron en mercenarios durante la Edad Media, y así los hallamos en Bizancio junto al emperador Constantino VII, donde la Guardia varega ejecutaba la llamada “danza gótica”, de naturaleza ceremonial y en la que se utilizaban pieles de animales.

Íntimamente ligadas a estos guerreros furiosos encontramos a las legendarias musas nórdicas, las Valquirias, que comparten con sus vecinas del sur de Europa algunos rasgos comunes. De igual forma que ocurrió durante la época romana en la que los atributos de Dionisos y las musas se intercambiaron, las musas y las valquirias nórdicas pudieron haber mutado a partir de un origen común indoeuropeo, evolucionando de forma diferenciada por las necesidades de sus sociedades.

 

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