Archive for the ‘Godos’ Category

5
ene

La Epifanía de los Reyes Magos Ásatrú

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Epifanía” es una palabra que deriva del griego (ἐπιφάνεια) y que significa manifestación. El cristianismo reconoce tres epifanías, siendo la más famosa la epifanía de los Reyes Magos celebrada el 6 de enero.

Sin embargo, la epifanía de los magos no es original del cristianimo, sino que la podemos encontrar en otros cultos de Oriente Medio varios siglos antes del nacimiento de Jesús. Sobre la epifanía de los Reyes Magos, las fuentes cristianas son tan pobres que únicamente en el evangelio atribuído a Mateo podemos leer algo al respecto: ‘que unos magos de Oriente siguieron una estrella hasta Jerusalén y adoraron al Niño Jesús’. En realidad, la Biblia no habla de su número ni tampoco de sus nombres, y lo que ha llegado a nuestros días ha sido fruto de la tradición posterior.

Las menciones más antiguas de esta festividad que se asemejan de alguna manera a la Epifanía celebrada en la actualidad, aparecen después de las reformas de Constantino el Grande, considerado el treceavo apóstol del cristianismo. Para hacer más fácil que los romanos se convertiesen al cristianismo sin abandonar sus festividades, en el año 350 el obispo de Roma Julio I (quien todavía no detentaba el título de Papa, pues no se había inventado) pidió que el nacimiento de Cristo fuera celebrado el 25 de diciembre, haciéndolo coincidir con el festival del Dies Natalis Solis Invicti que se celebraba entre el 22 y el 25 de diciembre.

Sol Invictus (“sol invicto”) o en forma completa, ‘Deus Sol Invictus’, era el título religioso aplicado al dios Mitra, cuyo nacimiento se celebraba desde hacía siglos en esa misma fecha. Son muchas las similitudes entre en nacimiento de Jesús y el de Mitra, ya que ambos estaban destinados a fundar relegiones, ambos nacieron en una cueva durante el solsticio de invierno,  y fueron adorados por los mismos individuos, pastores y magos. En el caso del nacimiento del dios Mitra la adoración de los magos tiene sentido en tanto que los sacerdotes del zoroastrismo eran los magi (nombre del que derivan nuestros términos ‘mago’ y ‘mágico’), sacerdotes persas altamente instruidos en astronomía y astrología, que además de cumplir con sus funciones religiosas interpretaban sueños y estudiaban los enigmas cósmicos, y a quienes se atribuían poderes ocultos y la capacidad de efectuar hechizos.

Volviendo el tema que nos atañe, y como se ha mencionado más arriba, durante esta etapa de afianzamiento de la reforma constantiniana del cristianismo, además de suplantar fechas religiosas de otros cultos,  se reemplazó la simbología pagana, pero usando los mismos protagonistas, como podemos observar en el obelisco de Teodosio del hipódromo de la actual Istanbul.

En el pedestal, esculpido en el año 390, vemos al emperador Teodosio con sus dos hijos, Arcadio y Honorio, que recibe los tributos que le ofrecen los bárbaros (con pieles ) y los persas (con sus mitras y sus trajes típicos). Esta epifanía, una de las representaciones más antiguas de los Reyes Magos, tiene como protagonistas a los visigodos, y más concretamente a su casta de sacerdotes-reyes, los tarabostesei.

El obelisco egipcio de Tutmosis III, reutilizado por Teodosio en su hipódromo, fue en su origen un elemento mágico utilizado por los egipcios para proteger a el templo de Karnak. No casualmente, el obelisco fue levantado sobre la espina del hipódromo, ya que originalmente ésta estaba cargada de simbología solar (las cuadrigas de las carreras representaban el eterno danzar de los astros alrededor del Sol), y el en pedestal que lo sustenta vemos como se repite la acción de la epifanía de adoración, en este caso al emperador Teodosio.

En el pedestal, Teodosio y sus hijos suplantan la figura del dios adorado repitiendo la representación de la epifanía mitraica, una escena inspirada, en parte, en una  visita diplomática del séquito del rey visigodo Atanarico, quien se encontró con el emperador Teodosio en la capital del Imperio para pactar una paz tras la batalla de Adrianópolis (378).

Se trata de un pedestal propagandístico en el que aparece el estereotipo de los bárbaros incivilizados vestidos con pieles. Sin embargo, se trata de un error intencionado al servicio de la propaganda imperial, ya que dicha escena nunca sucedió de esa manera. Más bien al contrario, la embajada goda entró en Constantinopla después de haber aniquilado el ejército romano del emperador Valente, y su sucesor Teodosio, en lugar de recibir regalos o ser adorado como un dios, se esmeró en agasajar a los príncipes godos que pronto engrosarían las filas de sus ejércitos como mercenarios.

De igual forma los príncipes y sacerdotes de los godos no vestían con pieles como fueron representados en el pedestal del obelisco, sino  más bien vestían como sus homónimos persas. Dos cientos años más más tarde, ya en el siglo VI, en uno de los frisos de la Basílica de San Apolinar Nuovo en Rávena (Italia), podemos ver una de las más antiguas representaciones de los Reyes Magos que se conservan, datadas en el siglo VI.

El historiador de los godos Herwig Wolfram, explica que al final del tercer siglo empezó la monarquía Ostrogoda de los Amalos. Los rasgos de esta monarquía militar, además de los lanceros acorazados que luchaban a lomo de caballo, la práctica de la caza con halcones y el chamanismo, fue la adopción por parte del clan real de las vestiduras reales Sasánidas.

Los tres reyes magos godos de de la Basílica de San Apolinar Nuovo, visten a la manera de los tarabostesei mencionados por Jordanes, llevando la gorra ceremonial de fieltro de influencia persa y adoptada por las clases diregentes godas en las estepas de Escitia antes de entrar en los libros de historia romanos.

Fuentes:

Una Iconografía polémica: los Magos de Oriente 

Jordanes. Origen y gesta de los godos

25
mar

El Radagaisus godo y el Radagast de Tolkien

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El Radagast de Tolkien fue, junto a Gandalf y Saruman, uno de los tres magos enviados a la Tierra Media. Era originariamente un espíritu maia de Yavanna llamado Aiwendil, que significa ‘amante de las aves’, y tenía la virtud de hablar con los animales, sobre todo con los pájaros. Poco se sabe de él tras la Guerra del Anillo, excepto algunas anotaciones que aparecen en Las cartas y en los Cuentos inconclusos. Se dice que Radagast se quedó en el noroeste de la Tierra Media, en Rhosgobel en las fronteras del Bosque Negro, y que se interesó demasiado en animales y aves, y en cambio se desinteresó en lo que de verdad le concernía: luchar contra Sauron.

El espíritu maia de Radagast era capaz de hablar y entender el lenguaje de los pájaros, uno de los poderes característicos de todo chamán. Existe la creencia que los primero chamanes fueron aves, y está atestiguado el uso de disfraces de pájaro por parte de los chamanes cuando su alma viaja por todas partes, observando sucesos en lugares remotos, mientras su cuerpo yacía inanimado en casa (E.R. Dodds. Los griegos y lo irracional).

En la mitología escandinava, la facultad de entender el lenguaje de los pájaros era signo de gran sabiduría, no solo Odín la poseía, cuyos cuervos Hugin y Munin volaban por todo el mundo y le contaban lo que sucedía, también Sigurd fue capaz de entender el lenguaje de los pájaros tras probar la sangre del dragón Fafner.

Además de dejar claro que el mago Radagast poseía uno de los principales poderes atribuidos a los chamanes, poco más dice Tolkien respecto a Radagast. Existen sin embargo otras fuentes que arrojan más luz acerca del personaje de Tolkien, fuentes históricas que inspiraron a Tolkien en la creación de su mago Ragadast: el godo Radagaisus.

Después de luchar junto a Alarico y ser derrotado en las campañas godas del año 401, el rey godo Radagaiso invadió Italia en el año 406. Las fuentes no le atribuyen los poderes chamánicos del trance y la bilocación de los chamanes griegos, sin embargo su nombre puede vincularse al sacerdocio de Zalmoxis.

Su nombre godo Radagais fue latinizado añadiendo el sufijo –us, y las fuentes dicen que era un godo pagano practicante, que se creía protegido por los dioses, a los que ofrecía sacrificios. San Agustín lo cita en suLa ciudad de Dios”, y explica que a pesar de todo su potencial bélico, y de aplacar e invocar a los dioses con sacrificios diarios, fue vencido.

Las fuentes hablan de él como de jefe bárbaro, e incluso como rey godo, sin embargo la etimología de su nombre godo muestra un significado que podríamos asociar a la esfera religiosa, a la de un miembro de la casta sacerdotal goda, ya que su hombre significa “lanza de sabio consejo”.

 

No mucho más atrás en el  tiempo los sacerdotes de Zalmoxis hicieron uso del ritual de las lanzas para comunicarse con su dios a través de sacrificios humanos. Como su propio nombre lo indica, el consejero de la lanza, Radagaisus poseía los atributos de un sacerdote godo y la capacidad de oficiar sacrificios humanos como habían hecho los tracios no muy lejos del lugar donde él mismo había nacido.  Al igual que los sacerdotes de Zalmoxis, el godo Radagaisus buscó la ayuda y el consejo de los dioses mediante sacrificios, ya que su futuro y el de su pueblo dependería del favor de los dioses.

La figura de Radagast de Tolkien, un chamán retirado en el bosque, tiene su contrapartida en la de un chamán guerrero, un líder que guió a sus hombres mediante víctimas cruentas a los dioses, sacrificios paganos bien alejados del ideal de Tolkien.

La gran pregunta es, ¿hasta qué punto Tolkien se inspiró en la figura histórica de Radagaisus para su Radagast? ¿Qué relación hay entre el Radagast chamán y el Radagaisus sacerdote godo? Podemos estar seguros que Tolkien conocía la etimología de Radagaisus, pero ¿conocía también el culto dacio y lo que pudo haber significado ‘consejero de la lanza’? Y la otra gran pregunta es, ¿fue Radagaisus el único sacerdote Asatrú godo que la historia ha registrado? El significado de su nombre y sus sacrificios a los dioses, así parecen indicarlo.

Lo que sí es cierto es que tras la derrota en el mítico bosque de Myrkviðr que separa los godos de los hunos, Atanarico y unos pocos guerreros se quedaron en la desembocadura del río Don en el mar de Azov para defender la huída de sus hermanos hacia el Imperio. Seguramente entre ellos estaba Radagaisus, un godo tarabostesei perteneciente a un linaje de sacerdotes-chamanes godos, que con los años saldría del Bosque Negro para guiar a sus hermanos contra el Imperio Romano.

29
feb

Hispania 589: el teatro de Bilbilis

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De Tarracona bajó por la costa hasta la ciudad de Dertosa, desde donde remontó el río Ebro hasta Caesaraugusta. Enclavada en un lugar estratégico en el valle del río, la ciudad era sede de un destacamento permanente de los ejércitos del rey que tenía como objetivo vigilar las comunicaciones a través de los Pirineos. Al otro lado estaba el reino de los francos, y aquella ciudad era el mejor baluarte para controlar los pasos de montaña. Estuvo allí casi dos semanas, durmiendo por el día en una taberna de los suburbios mientras por las noches animaba con música y canciones las fiestas privadas de los guerreros.

Cuando se percató de que los soldados habían ya gastado casi todo su dinero, dejó el valle del Ebro para dirigirse hacia el suroeste. Su siguiente destino era la ciudad de Bilbilis, situada en mitad de las montañas y conocida por sus caballos y armas, y en especial por su espléndido teatro. El más ilustre de sus hijos, el poeta romano Marcial, la había incluido en su obra Descripción de Hispania haciéndola así famosa en todo el orbe romano. Sin embargo, al llegar después de subir por aquellas montañas, el escaldo se dio cuenta de que había sido una idea nefasta y poco provechosa. La ciudad yacía casi abandonada, y apenas vivían entre sus viejos muros unos pocos criadores de caballos y algún que otro campesino libre. Cuando estaba a punto de entrar en la ciudad, uno de aquellos criadores le vio y se acercó a él. Era un hombre de unos cuarenta años que vestía una túnica marrón y llevaba muñequeras de cuero, y que, extrañado de que alguien se acercase por aquellos municipios, le preguntó por su destino.

—Hace tiempo leí una obra de Marcial, un paisano de Bilbilis, en la que se citaba su magnífico teatro; pensé que tal vez podría trabajar aquí algunos días.

—¿Marcial? —preguntó pensativo el criador—. No, no conozco a nadie con ese nombre por estas contradas. De cualquier manera, te diré que hace mucho que aquí ya no se celebran las ferias de ganado, y del teatro todavía queda algo en pie como podrás ver tú mismo.

—¿Algo en pie? —preguntó el escaldo, sorprendido.

—Últimamente vienen algunos comerciantes a llevarse el mármol de la ciudad, y el teatro es su mejor cantera.

«Algo en pie», se repitió mientras se dirigía expectante hacia donde le había indicado el hombre. Debía atravesar lo que quedaba del foro, donde algunos edificios habían sido reconvertidos en establos. Decidió dar un pequeño rodeo y subió al lugar de honor del ágora, el punto más alto de la ciudad y donde antaño se alzase un templo pagano del que ya solo quedaban las basas de mármol de las columnas. Desde allí, la vista sobre toda la urbe era inigualable y, detrás de un muro medio derruido, pudo vislumbrar una columna del teatro bilbilitano y toda la zona de las gradas que se extendía por la ladera siguiendo la pendiente natural de la montaña. Tomó una de las calles que salían del ágora y bajó hasta la puerta de acceso al teatro. Una vez allí, resopló temiendo lo que iba a encontrar.

Cuando atravesó el umbral, ante sus ojos apareció lo poco que quedaba del teatro. La pequeña escena sólo conservaba las tres puertas del primer piso flanqueadas por falsas columnas. De las cuatro columnas corintias del segundo piso ya sólo quedaba una en su sitio, la que había visto desde el templo. Dos columnas habían desaparecido y la cuarta yacía en el suelo de la orchestra hecha pedazos con su capitel deshojado. Se agachó, recogió un pedazo del capitel, levantó la mirada y lo lanzó con rabia hacia los respaldos de mármol de las últimas gradas. Solo allí, en la parte más alta de los graderíos, los asientos conservaban sus revestimientos. Las placas de mármol que cubrían los asientos más cercanos a la escena habían sido arrancadas y únicamente el asiento de honor de primera fila continuaba presidiendo el teatro; aquella mole de piedra caliza era el lugar destinado al sacerdote de Dionisos y pesaba demasiado para ser expoliada con facilidad.

MARTÍN BUENO, Manuel y SÁENZ PRECIADO, Juan Carlos: Bilbilis, Calatayud, Zaragoza, 2005

El teatro que había escuchado recitar a los rapsodas más famosos de las provincias de Hispania y de parte del Imperio era una completa ruina. Se sentó en el lugar de honor del teatro y observó a su alrededor, intentando imaginar cómo había sido quinientos años atrás, cuando el propio Marcial recitaba desde aquel escenario. Desengañado, lanzó un profundo suspiro. El espejismo que su imaginación había creado era bien distinto a la realidad. Allí no habría más espectadores, ni monedas, ni pan para las historias de un escaldo. Un desvío de dos días de viaje por las montañas solo había servido para ver las ruinas de lo que en un pasado no muy lejano había sido una afamada ciudad romana.

—¿Hacia dónde te diriges ahora, extranjero? —le preguntó el mismo criador de caballos al verle salir de la ciudad—. Ya te avisé sobre el teatro —añadió al verle apesadumbrado.

—A Recópolis, en la ribera del Tajo.

—Tu teatro, en parte, está ahora allí.

—¿A qué te refieres? —preguntó el escaldo, extrañado.

—El rey Leovigildo mandó construir Recópolis en honor a su hijo Recaredo. Todos sus edificios han aparecido de la nada en apenas treinta años, incluido un espléndido palacio de mármol.

—Sí, entiendo. Por ese motivo me dirijo allí —siguiendo el mármol que ahora revestía aquel palacio donde esperaba encontrar trabajo.

—En tres jornadas puedes llegar a Recópolis. Pero por favor, te lo ruego: acepta mi hospitalidad. Déjame invitarte a cenar. Puedes pasar la noche en una de las caballerizas y mañana retomar el camino hacia el sur.

Vista de la cavea del teatro de Bilbilis. (Foto: Roberto Lérida Lafarga 16/03/2008)

22
feb

Ménades de Dioniso y Berserkers de Wotan

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En la antigua Grecia la experiencia dionisíaca era esencialmente colectiva o congregacional y la inducción al éxtasis venía dada por el uso del vino y de la danza religiosa. La función de este ritual era catártica, siendo como una válvula de escape a los impulsos irracionales de aquellos que participaban en el ritual. Para alcanzar la kátharsis era necesaria una danza “orgiástica” acompañada de una música que era tocada con flautas y tambores; al danzar las coribantes caían en una especie de trance que podía ir acompañado de perturbación mental cuyos síntomas físicos eran ataques de llanto y palpitaciones violentas del corazón.

Según el diccionario de la Lengua Española las ménades (del latín maenas, -adis cuya raíz griega significa furiosa) eran cada una de las sacerdotisas de Baco que, en la celebración de los misterios daban muestras de frenesí. Una descripción de lo que suponía este culto, esta posesión divina, nos la ofrece la poetisa Mirtida de Antedón del siglo IV a. C.:

“Licenión y Aglae me llevaron a vivir los misterios de Dionisos, en los bosques nunca hollados. Me dieron el tirso. A media noche oímos mugir al dios. ¡Qué alegría! Una gran simpatía empezó a fluir de los seres y las cosas; mi cuerpo se volvió ingrávido; y todo mi ser, caliente y húmedo. Una indecible sensación de continuidad inundó mi ánimo; perdí la noción de los espacios entre las cosas, y llegué a experimentar la conciencia del todo. Cuando caí en éxtasis, sentí que nunca podría morir; en mí había algo que se reía de la estúpida muerte”.

Volviendo al norte de Europa, encontramos que este ‘furor báquico’ se repite, ya no tanto como aquel que poseen los vates y que proporciona ciertos dones sacerdotales, sino como una derivación de esta kátharsis que se orienta hacia el desarrollo de lo que podríamos llamar ‘habilidades militares’; de esta forma el Wod se convierte en un frenesí de la batalla, y los guerreros poseídos serán los denominados wodas godos de la Antigüedad Tardía y los berserkires del mundo vikingo.

La Saga de los Ynglings, que refiere los momentos míticos fundacionales del mundo germánico, nos presenta a los berserkers como la guardia corps del propio Odín, cuando este dios guerrero y brujo gobernaba el Upland sueco. “En cuanto a los hombres de Odín -nos dice el relato-, iban sin coraza, salvajes como perros y lobos. Mordían sus escudos y eran fuertes como osos y toros. Mataban a los hombres y ni el hierro ni el acero podían nada contra ellos”.

En la realidad histórica de los pueblos del norte de Europa existió una casta especial de guerreros profesionales, llamados berserkers, que como acabamos de ver combatían más salvajemente que los demás debido a que justo antes del combate entraban en éxtasis; esto les llevaba a un estado de ferocidad extrema, que anulaba cualquier sentido de peligro o consideración ajena a la destrucción.

A esto lo llamaban “furor de berserker”, que iba unido de forma inseparable a la apariencia de animales como perros, lobos, osos o toros. Por este motivo algunos estudiosos han querido ver aquí una variante de lo que en antropología se llama el “transformer“, un ser mítico común a todas las religiones agrarias, que se caracterizaba por adoptar a voluntad la naturaleza de cualquier animal.

Existen diversas teorías acerca de las técnicas utilizadas por estos guerreros para tomar esa apariencia. Entre ellas se barajan las siguientes posibilidades:

  • Una de ellas es que el trance era por ingestión de exceso de alcohol, cuyos resultados en la mente serían los de furia y falta de dolor físico. Pero todo el mundo sabe que los borrachos no son guerreros formidables.
  • También se baraja la posibilidad de ciertas plantas chamánicas como la amanita muscaria. La seta da fortaleza y aguante pero también es un gran indigestivo, por lo que ha sido descartada por algunos. A pesar de este problema, existe la posibilidad que los alcaloides fuesen reutilizados a través de la ingestión de la orina del chamán; esto evitaría los problemas gastro-intestinales ya que el alcaloide aparece en estado puro. La combinación de esta seta con el uso del Grosellero negro, ribes nigrum, cuyas hojas son astringentes y antiinflamatorios, facilitaría la toma y disminuiría la aparición posterior de inflamaciones osteoarticulares. También podemos pensar en el uso del Helicriso, Sol de oro, cuyo aceite posee un 50% de nerol, entre cuyas propiedades destacaría el estímulo de la secreción interna de hidrocortisona y sobre la presión arterial.
  • La tercera teoría es la de la autoinducción; según ésta, la mente entra en un estado de luz meditativa en la que se despeja para recibir lo que está a punto de suceder. Mientras danzan los guerreros se concentran en la divinidad y en su personificación de lobo o animal salvaje. La adrenalina se aumenta con los golpes y los movimientos bruscos. Empieza un proceso de hiperventilación para seguir incrementando la adrenalina y superoxigenando la sangre. Los gruñidos y la imitación traen simpáticamente los animales salvajes.

Esta tradición, descrita aquí como la de los bersekers, tuvo una larga y próspera tradición durante toda la Edad Media. El nombre de woda obedece a la tradición de los godos que desaparecería con la irrupción del cristianismo, mientras que el nombre de bersekers pertenece a la tradición nórdico-vikinga. Esta élite de guerreros extáticos, que formaron la mítica guardia personal del mismísimo Odín, se convirtieron en mercenarios durante la Edad Media, y así los hallamos en Bizancio junto al emperador Constantino VII, donde la Guardia varega ejecutaba la llamada “danza gótica”, de naturaleza ceremonial y en la que se utilizaban pieles de animales.

Íntimamente ligadas a estos guerreros furiosos encontramos a las legendarias musas nórdicas, las Valquirias, que comparten con sus vecinas del sur de Europa algunos rasgos comunes. De igual forma que ocurrió durante la época romana en la que los atributos de Dionisos y las musas se intercambiaron, las musas y las valquirias nórdicas pudieron haber mutado a partir de un origen común indoeuropeo, evolucionando de forma diferenciada por las necesidades de sus sociedades.

 

 

En el corazón de los Cárpatos se alzan las montañas Bucegi, donde una esfinge y tres enormes altares tallados en la roca presiden la cima de la mítica montaña Kogaion, lugar de culto desde que el hombre prehistórico presenció por primera vez aquellas maravillas, obra de la naturaleza o de los propios dioses.

Esfinge de los Cárpatos

Hiperbórea, la tierra ‘más allá del viento del norte’, aparece en la mitología griega como el límite del mundo conocido, hasta donde sólo los dioses olímpicos podían llegar. La historiografía rumana ha localizado algunas de las referencias a la Hiperbórea de los textos mitológicos griegos en las montañas Bucegi, y en especial en la montaña Kogaion, axis mundi donde Atlas sujeta la esfera del mundo, y lugar donde Hefesto encadenó a Prometeo hasta que Hércules rescató al titán a cambio de su sabiduría.

La razón de su legendaria fama se debe a que la montaña Kogaion fue hasta el s. II el centro de un arcano culto de guerreros que giraba en torno a Zalmoxis, una antigua divinidad tracia que se remonta al primer milenio antes de nuestra era. Sus sacerdotes hacían sacrificios humanos lanzando a sus víctimas contra haces de lanzas, y eran capaces de despertar el poder del dragón que moraba en las entrañas de la montaña, un poder que transformaba a los guerreros dacios en hombres lobo.

Una de las referencias que enlazan el culto de Zalmoxis con los antiguos godos aparece en la obra Origen y hechos de los Godos del ostrogodo Jordanes, quien el año 551 publicó su escrito basándose en la obra hoy perdida Libri XII De Rebus Gestis Gothorum, escrita por Casiodoro por encargo del rey Teodorico el Grande.

Babele. Montañas Bucegi (2200 m.)

En el capítulo V de la obra de Jordanes titulado ‘Descripción de Escitia y de sus pueblos’, podemos leer lo siguiente:

“Estos pueblos de los que estamos hablando, tenían, como sabemos, a Filimer como rey cuando habitaban en su primer asentamiento de Escitia junto a la zona pantanosa de la Meótida; en segundo lugar, es decir, en el territorio de Dacia, Tracia y Mesia, tuvieron a Zalmoxis, de quien atestiguan la mayor parte de los escritores de anales que fue un hombre de una admirable cultura filosófica. Tuvieron, pues, primero a Zeutas, también muy ilustrado, y luego a Deceneo, y en tercer lugar a Zalmoxis, como hemos dicho anteriormente. Y no les faltaron quienes les transmitieran la sabiduría. De ahí que los godos fueran siempre más sabios que todos los restantes bárbaros y casi semejantes a los griegos, como cuenta Dión, que compuso en griego sus Historias y Anales”.

La montaña Kogaion y el culto de los hombres lobo

Georges Dumezil sitúa el origen de los guerreros lobo en Irán, entorno al culto de Aesma Daeva, dios de la cólera, la furia y venganza. A Aesma Daeva, quien según el mito posee los siete poderes capaces de destruir la raza humana, se le representa sujetando una lanza y montado en la espalda de un dragón, al igual que el dios griego Saturno.

Durante el primer milenio antes de nuestra era la técnica de los guerreros lobo llegó a la Dacia, al territorio que conforma la actual Rumanía. El uso de esta antigua técnica guerrera en la zona del mar Negro queda constatada en la mitología con la aparición de las amazonas y posteriormente las bacantes dionisíacas. En ambos casos los mitos hablan de mujeres guerreras dotadas de una fuerza extraordinaria y en cuyos rituales se incluían danzas extáticas y el consumo de enteógenos como la amanita muscaria, el cuerpo de Dioniso con el que comulgaban sus seguidoras.

Cuando Trajano llegó al reino de la Dacia a principios del siglo segundo, se encontró con una evolución del ritual los hombres lobo en la que los sacerdotes de Zalmoxis eran los encargados de llevar a los guerreros al trance extático, transformándolos así en guerreros-bestia dotados insensibilidad al dolor y de una fuerza descomunal.

Cima del monte Omul (2505 m.). Roca de Prometeo y la cabeza del águila.

Zalmoxis, un esclavo de Pitágoras según Herodoto, dio inicio a un sacerdocio que gobernó la Dacia junto a una monarquía electiva hasta la conquista romana (106). El lugar más sagrado de los sacerdotes dacios era el monte Kogaion, ya que en esa misma montaña Zalmoxis se hizo enterrar en lo profundo de la tierra durante tres años (la cueva Ialomita de más de un kilómetro y medio de largo que atraviesa la montaña sagrada). Tras aquel retiro Zalmoxis llegó al conocimiento de la inmortalidad, que mostró a los tracios convirtiéndose así en su dios.

Como parte de su culto, los sacerdotes dacios llevaban a cabo el ritual de las lanzas, que según registra Herodoto se celebraba cada cuatro años, cuando el mejor de los guerreros dacios era enviado a Zalmoxis, siendo sacrificado a su divinidad clavado en tres lanzas.

Quince siglos más tarde, los invasores turcos avanzaron desde el Danubio sobre las tierras de la antigua Dacia, donde se encontraron con el señor de aquella montaña, Vlad Tepes, quien resucitó un antiguo culto sangriento de sus ancestros dando origen al mito del conde Drácula.

26
jun

La Saga de Gundulf el Godo

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Todo el reino se dirige a Toledo para asistir al concilio de la conversión de los godos al catolicismo, un acontecimiento histórico que va a cerrar una etapa de la historia de Hispania y devolverá la unidad a la Iglesia. Gundisulf, escaldo en busca de un gran señor al que asombrar y entretener con sus sagas, entrará en contacto con Alberico, obispo arriano y general de las jaurías de los guerreros lobo del rey visigodo.

Intrigado por las alusiones del escaldo a una vieja historia, Alberico conducirá a Gundisulf a las entrañas de los subterráneos de la ciudad, donde se encuentra el maravilloso tesoro de los visigodos. Allí, el escaldo le contará la saga de uno de sus antepasados que no sólo explica la presencia de los godos en Hispania, sino también la existencia del gran tesoro que están contemplando y los misterios del furor que puede hacer que los guerreros se conviertan en lobos durante la batalla.

La saga de Gundulf narra como un niño godo es enviado como rehén al palacio imperial de Constantinopla, donde queda al cuidado de los grandes eunucos de la corte. Encerrado durante años en una jaula oro el huésped imperial descubrirá en la cancillería la entrada al laberinto del conocimiento, donde aprenderá la filosofía y la sabiduría arcana, e irá descubriendo los misterios de una religión que se encuentra en retirada ante el nuevo poder de la fe cristiana. El joven godo deberá aprender a espiar y luchar para sobrevivir, y en su búsqueda de lo arcano, deberá enfrentarse a emperadores y príncipes de la Iglesia para hacerse con los míticos anillos del mago Apolonio de Tiana.

Con el avance de los hunos Gundulf deberá volver con los suyos para convertirse en juez de los godos junto a Alarico, y conducir a su pueblo a una nueva patria, luchando unas veces contra las legiones de Roma, y otras al servicio de emperadores y usurpadores.

Su viaje a partir de Adrianópolis estará lleno de obstáculos y para superarlos deberá adentrarse cada vez más en el laberinto del conocimiento antiguo. Presenciará la división del Imperio, la desaparición de los druidas y la destrucción de la biblioteca de Alejandría, y con el tiempo protagonizará el saqueo de Roma y guiará finalmente a los godos hasta la tierra prometida, su nueva Gotia en Hispania.

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